Río de Janeiro, julio de 2025 — La ciudad de Río fue testigo de una cumbre de los BRICS cargada de simbolismo, discursos firmes, y un ambiente de división que reflejó la tensión del panorama internacional actual. Brasil, país anfitrión, asumió un papel central en esta reunión, en la que estuvieron representadas las cinco potencias emergentes que conforman el bloque: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
Pero lo que debía ser una demostración de unidad ante el mundo terminó revelando fracturas internas, ausencias notorias y una agenda marcada por los desafíos comerciales y geopolíticos actuales.

Lula da Silva toma el protagonismo ante la ausencia de gigantes
Con la ausencia física del presidente chino Xi Jinping y la intervención virtual del presidente ruso Vladímir Putin —quien enfrenta una orden de arresto internacional por parte de la Corte Penal Internacional—, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se colocó al frente del bloque, elevando su perfil como líder global.
En un discurso enfático, Lula denunció el aumento del gasto militar en Occidente, especialmente por parte de la OTAN, y pidió que los recursos se destinen a educación, salud y sostenibilidad en vez de armamento. “La paz no se construye con bombas, sino con justicia social”, expresó.
Lula también hizo un llamado urgente a la reforma de organismos multilaterales como la ONU, el FMI y el Banco Mundial, argumentando que “ya no representan el equilibrio económico del mundo actual”.
Un bloque con visiones divergentes, pero con metas comunes
Aunque el grupo BRICS ha crecido en influencia en las últimas dos décadas, las diferencias internas entre sus miembros se han acentuado. India y China mantienen una rivalidad silenciosa; Rusia está aislada por las sanciones internacionales; Sudáfrica enfrenta una crisis energética; y Brasil intenta reposicionarse como un mediador global.
Sin embargo, todos comparten una misma ambición: romper con la hegemonía económica de Occidente, fortalecer la cooperación Sur-Sur y crear una nueva arquitectura financiera mundial.
Comercio en riesgo: BRICS responde a las amenazas de aranceles
Uno de los temas más delicados en la cumbre fue la reciente advertencia del expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien en su campaña para regresar a la Casa Blanca, amenazó con imponer aranceles del 10 % a todos los países que respalden estructuras comerciales paralelas al dólar estadounidense.
Aunque el comunicado final de los BRICS no mencionó directamente a Trump, se expresó una “profunda preocupación” por el uso de medidas proteccionistas unilaterales que socavan el libre comercio y amenazan la estabilidad global.
BRICS y la inteligencia artificial: entre el desarrollo y la ética
Otro de los puntos clave de la cumbre fue el debate sobre el desarrollo de inteligencia artificial (IA) en los países del bloque. Se acordó crear un grupo de trabajo que establezca normas éticas comunes, para garantizar que la IA sea utilizada para el bienestar colectivo, y no para el control o la vigilancia masiva.
También se discutió la posibilidad de impulsar alianzas tecnológicas entre los países miembros, compartiendo conocimiento y reduciendo la dependencia de empresas occidentales.
Avanza la desdolarización: monedas locales y sistemas de pago propios
En su lucha por independizarse del dólar estadounidense, los BRICS impulsaron nuevas medidas para usar monedas locales en el comercio entre sus miembros, además de avanzar en la creación de plataformas de pago propias.
Rusia y China, los más firmes defensores de esta estrategia, ven en ella una oportunidad para evitar las sanciones económicas impuestas por EE. UU. y fortalecer su soberanía monetaria. El Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS también planea financiar proyectos sin requerir el uso del dólar.
Expansión del grupo y nuevos desafíos
Durante la cumbre, también se debatió la posible incorporación de nuevos países al bloque, como Arabia Saudita, Argentina, Egipto e Irán. Sin embargo, algunos miembros, como India, han manifestado reservas ante una expansión precipitada que podría complicar aún más la toma de decisiones.
A pesar de estas diferencias, los líderes reafirmaron su deseo de convertir a BRICS en un actor central del siglo XXI, capaz de equilibrar el poder frente a las potencias tradicionales.
Conclusión: ¿Un bloque sólido o una alianza frágil?
El BRICS sigue creciendo en influencia y tamaño, pero su desafío mayor está en lograr cohesión política. El contexto internacional es cada vez más volátil: conflictos armados, tensiones comerciales, polarización política y crisis económicas.
Sin embargo, si logra consolidar su unidad, BRICS puede transformarse en una alternativa real al sistema económico global actual. Brasil, con su liderazgo renovado, se perfila como un puente entre continentes, culturas e intereses diversos.
Lo que es claro es que el mundo ya no es unipolar, y los BRICS, con sus contradicciones y fortalezas, son parte clave del nuevo tablero internacional.